Entrevista a Paco Pérez-Bryan: «Yo fui el primero que pinchí ‘Smells like teen spirit» en España».

Para muchos de nosotros, la primera mitad de la década de los 90 fue un periodo fundamental en nuestras vidas gracias a la explosión musical que se produjo desde Seattle y que puso todo patas arriba. Fue tan abrumador que daba la sensación de que cada día aparecía una nueva banda que te volvía loco, un frenesí absoluto. La aparición de Nirvana con su “Smell like teen spirit” supuso todo un terremoto musical, cultural y social en todo el planeta inaudito desde entonces. A muchos de nosotros semejante revolución nos cogió en plena adolescencia, ávidos de sensaciones fuertes y necesitados de referentes a los que agarrarse. Tiempos gloriosos para la música en los que, sin internet, nuestras fuentes de información estaban en la prensa escrita y en la radio. Una generación que disfrutó de la explosión “grunge” de la mano de revistas como el Popular 1 o de medios como Radio 3. En esta última, hubo una persona absolutamente fundamental. Paco Pérez Bryan, con su pasión, su sencillez y su simpatía, consiguió amplificar todo lo que sucedió esos días.

Gracias a aplicaciones como Ivoox o Youtube y al enorme esfuerzo realizado por la gente del grupo “De 4 a 3 – Paco Perez Bryan” en Facebook, creado precisamente para recuperar esos tesoros sonoros, y al blog “Paco Pérez Bryan” (https://de4a3.blogspot.com) donde se alojan los audios, hemos podido recuperar fascinantes tesoros audiovisuales de otras épocas, joyas que además de su incalculable valor sociocultural, para algunos de nosotros suponen un viaje en el tiempo. La recuperación de los programas de “De 4 a 3” ha supuesto un auténtico regalo del cielo, un emocionante viaje a nuestro pasado. Fue hace unas semanas que descubrí el enorme catálogo de programas subidos a Ivoox y que me lancé a ellos. No pude evitar emocionarme al escuchar a Paco, era inevitable. Fue escucharle hablar de Pearl Jam, Nirvana, Stone Temple Pilots, Oasis… como si fuera el 93 y sentir que había regresado a esos días, a esos fines de semana en los que estaba pegado a la radio a las 4 de la tarde para disfrutar de aquella revolución que Paco nos retransmitía en primera fila. Desde ese día que recuperé sus programas no dejaba de pensar en contactar con Paco para poder charlar con él, y mostrarle mi respeto, admiración y, sobre todo, enorme agradecimiento. Su carrera, además, no solo se circunscribe a ese “De 4 a 3”: desde los 70 con El Búho, sus apariciones en TVE y su trabajo en Radio 3… Paco es un referente en el mundo musical de este país y, como no podía ser de otra forma, charlar con él fue un inmenso placer, una espina clavada que por fin conseguí quitarme. Y muy agradecido de que me atendiera en un momento complicado para él.

¿Cómo comenzaste a interesarte en la música?
Yo estaba en un colegio de jesuitas y un año llegó uno inglés, mayor pero con una pinta muy de típico tío británico elegante, se parecía a George Martin. Y un día se puso a hacer grupos, ya sabes, ¿quién quiere ser del grupo de fútbol? ¿quién se apunta al de ciencias? Y cuando preguntó que quién quería meterse en el grupo de rock solo yo levanté la mano y me mandó al aula donde habían unos chavales de quinto con sus baterías, sus amplificadores… y aquello molaba. Al poco me monté un grupo de rock con unos colegas del colegio y ya, comenzamos a tocar. A tocar e incluso a ganar pasta. Eso hasta que algunos del grupo comenzaron a tener conductas digamos poco saludables y yo me largué. Coincidió también que me fui con un colega de vacaciones a Londres, con 18 años creo que era, y al final me quedé un mes, imagínate el ambientazo en aquella época en Londres.

Comenzaste casi de casualidad con la radio, cuando comenzó la frecuencia modulada, que eso debe sonar a chino a un chaval que haya nacido en los últimos 20 años.
Sí, imagínate decirle eso a un millenial, ¿verdad? (Risas).

¿Cómo fue?
Pues cuando volvía de Londres le dije a mi padre que me matriculase en algo en lo que no hubiera que estudiar mucho, nada de estudiar medicina o derecho. Así que me matriculó en publicidad en Madrid, que me vino genial. Entonces un sábado saliendo por Moncloa me encontré con un amigo de Málaga y en lugar de cantar Asturias patria querida se nos ocurrió la idea de hacer algo en la radio. Entonces ya en Málaga hicimos un programa en Radio Juventud y cuando aquello se acabó, al director de la cadena le pedimos que nos recomendara para intentar seguir haciendo algo en Madrid. De esta forma pudimos entrar en Radio Cadena, donde comenzamos a retransmitir partidos de fútbol. Allí estábamos los dos un domingo por la mañana retransmitiendo un Leganés-Getafe en un campo terrible, que estarían entonces en tercera o yo qué sé… hasta que el director de la cadena nos preguntó que qué nos apetecía hacer y le dijimos que un programa de música. Y allí comenzamos El Búho, en una emisora destartalada pero en la que nos lo pasamos genial y fue un éxito brutal. Recuerdo que era llegar con todas las luces apagadas pero que en cuanto comenzábamos con la primera canción las luces de llamadas empezaban a parpadear sin parar, era una pasada.

Te cogió en plena transición, en aquella época Madrid debía ser un sitio muy interesante para hacer un programa de rock.
Absolutamente, Javi. Aquello fue increíble, por allí pasaron TODOS. Los Stranglers, The Jam, Barón Rojo, Leño, Van Halen Rosendo, que no es un tipo de verbo fácil, siempre se explayaba charlando con nosotros, creo que nunca se ha sentido tan cómodo con nadie como con nosotros, es un tío estupendo Rosendo.

Tú has dicho que para ti la radio es como poner música a tus colegas, que tú nunca has querido ser periodista, ¿ha sido siempre así?
Sí, sin duda. Para mi ha sido siempre así, nunca he pretendido ir de nada, ni he querido ponerme a rebuscar caras B ni ninguna rareza para ser o parecer el más guay. Yo si tenía que poner dos veces la canción en mi programa, lo hacía, aunque se me iba un poco la cabeza a veces (Risas) y a lo mejor, ya sabes, me daba por poner el “Highway 61 Revisited” de Dylan entero un día, y no pasaba nada. Yo lo que aprendí en mi carrera de publicidad en Madrid, fue el concepto emisor-canal-respuesta, y eso me lo grabé a fuego toda mi vida. Entonces yo tenía clarísimo que en la radio eso tenía que ser así. Es un medio muy inmediato y yo necesitaba una reacción inmediata, si no hubiera recibido eso, pues lo habría dejado enseguida. Y no, la respuesta siempre era abrumadora. Piensa que yo me iba a Londres o a donde fuera y me dejaba el sueldo buscando discos, singles, libros, revistas… para poder luego hablar en el programa para poder tener cosas que contar. Y claro, necesitaba esa respuesta.

Es curioso, en la revista tenemos ese dilema, es una discusión recurrente entre algunos de nosotros, el famoso feedback. A mí me sucede algo parecido, salvando las evidentes y enormes distancias. Yo estoy todo el tiempo leyendo e investigando para luego presentar en la revista cosas nuevas que puedan ser interesantes, como la escena busking de Nueva York, que conocí recientemente. Pero por desgracia ahora que paradójicamente hay más medios para la comunicación entre nosotros…
Y mucha más información…

Nunca he pretendido ir de nada, ni he querido ponerme a rebuscar caras B ni ninguna rareza para ser o parecer el más guay. Yo si tenía que poner dos veces la canción en mi programa, lo hacía, aunque se me iba un poco la cabeza a veces (Risas) y a lo mejor, ya sabes, me daba por poner el “Highway 61 Revisited” de Dylan entero un día.

… y mucha más información, sí. Pues yo creo que al final ese feedback se diluye entre tanto mensaje y entre tanta comunicación constante, hay un exceso de información, y en gran parte es una comunicación banal. Así que en el momento de dar feedback sobre determinadas cosas, dejamos de hacerlo. Tú imagínate si hicieras el programa ahora no te llamaría nadie, estarías todo el rato mirando el WhatsApp.
Claro, ya no estaría todo el rato corriendo para contestar las llamadas y estaría todo el día mirando pantallas… No, qué aburrimiento, a mi me encantaba poder charlar con la gente. En el Búho y en “De 4 a 3” esa comunicación con los oyentes era fundamental.

Cuando ya te fuiste a Radio Nacional, comenzaste directamente “De 4 a 3”, y tuviste la suerte de coincidir con el comienzo del movimiento “grunge”, fuiste de hecho el primer en pinchar el “Smell like teen spirit”… poca broma.
Sí, imagínate. El director de Geffen, unos meses antes del lanzamiento me vino y me puso aquello y me preguntaba “Paco, qué hago con esto”, y yo le decía “pues qué cojones vas a hacer, reventarlo todo” (Risas)… y así fue.

Es que menuda época. Para los de mi generación aquellos años fueron absolutamente mágicos. Mira, recuerdo un día a eso de las 3 del mediodía, terminando de comer en casa de mis padres, yo con, no sé, 16 o 17 años… Como te digo termino de comer, voy a la cocina y mientras recogía platos o así, pues puse la radio, y claro, ponía radio 3. De repente suena una canción que me vuela la cabeza, me puse a saltar y a bailar en la cocina de mi casa… un auténtico viaje alucinógeno… en la cocina de mis padres… lo recuerdo como si fuera ayer. Escuchar por primera vez “Smell like teen sprit”, fue ENORME. Yo creo que, salvando las distancias, aquello debió ser como cuando los chavales blancos escucharon a Elvis por primera vez, o a los Beatles o a los Stones, o a Hendrix… Esa canción lo cambió todo…
Es que fue tal y como lo cuentas, Javi. Yo tuve una sensación parecida en cuanto lo escuché. Yo tuve la suerte de ser el primero en poner “Smell like teen sprit” en antena y aquello solo fue el comienzo.

Es que en aquella época se produjo una explosión de música brutal, pocas veces el talento y la industria han ido tan de la mano. Además junto a una generación que respondió a todo aquello…
Aquella generación resultó muy chula porque además del hambre que tenía, se sentía que había un respeto por lo anterior, que es imprescindible. De esa forma todo lo que se disfrutaba se hacía siguiendo la perspectiva de aquella música venía de otra anterior a la que se respetaba y a la que se recurría para investigar y seguir ahondando en las raíces. Ahora tenemos una generación, los millenials o lo que sea, que han roto con el pasado. Y eso no solo es un error sino que además es peligroso, no puedes avanzar rompiendo y olvidándote de todo lo anterior, todos venimos de algún sitio.

Por aquel entonces daba la sensación de que cada semana salía una banda nueva increíble. Recuerdo que gracias a ti un fin de semana descubrías a los Blues Traveler, Deus o Morphine… luego a Beck, Skunk Anansie, los primeros Blur, Spin Doctor, Afghan Wigs, Stone Temple Pilots, Urge Overkill… y podría seguir. Eso no lo volveremos a ver. Al menos a ese nivel.
Los Urge Overkill, qué buenos eran… En un Glastonbury me los encontré y nos pusimos finos, finos… Tanto que cuando fueron a tocar solo aguantaron tres canciones (Risas). Fue culpa mía, lo sé (Más risas)… pero qué bien nos lo pasamos. Otra vez que vinieron a Madrid estábamos en Gran Vía y al batería de repente le dijimos que nos esperase en una esquina. Y a la hora después de aquello, que ya estábamos en un bar nos acordamos de que lo habíamos dejado allí (Risas). Al volver allí seguía el pobre (Risas).

A Nirvana los vistes varias veces, ¿cómo eran sus directos?
Una pasada. Los vi varias veces. La primera fuimos a verlo a Londres por primera vez en la gira de “Nevermind”. Nos habían invitado y allí fuimos, a una sala para unas 2.000 personas, una pasada de concierto. Y recuerdo que allí estaba TODO el mundo, toda la realeza musical de Inglaterra. Recuerdo que estaba allí Robert Plant con los hijos y todo.

¿A Kurt lo entrevistaste? ¿O charlaste con él alguna vez?
No tío, nunca me dio por entrevistarlo. Sabes qué pasa, que su música era tan grande, que él ya nos lo contaba todo en sus canciones.

Era transparente.
Eso es, yo no sentía que tuviera que ponerme a preguntarle que si por qué usaba tal guitarra, que si qué cuerda… Nada, con su música yo ya estaba satisfecho.

¿Y lo conociste?
Pues mira, en ese concierto en Londres, después de la actuación nos llevaron a una sala que habían acondicionado, con una barra, un barril de cerveza… y recuerdo que tenía una moqueta muy chula. Y allí que me senté yo en el suelo sobre la moqueta, que se veía muy cómoda (Risas). Me puse a hacerme un canuto mientras veía que entraba Chris Novoselic, que se ponía a charlar con la gente… y de repente veo que se sienta en el suelo a un metro de mí el mismísimo Kurt Cobain. Pero se le veía como en su mundo, muy serio, tenía pinta de que no quería hablar con nadie así que no le dije nada. Pero claro, ahí que me enciendo yo el peta, eso comienza a oler y Kurt enseguida se dio cuenta, me mira, yo veo que me mira y, claro… le paso el peta, él le da una calada y me lo devuelve y se le cambió la cara un poco. Entonces ahí ya le dije “tío, gran concierto” y él muy educado “oh, gracias, tío”.

Qué buena anécdota. La última vez que lo viste ya no estaba tan bien.
Lo vi creo que fue en Valencia poco tiempo antes de lo de Roma, y la verdad que sí, ahí se veía que no estaba bien. De hecho, el concierto fue un poco de aquella manera.

A qué músicos has entrevistado y que te hayan sorprendido. Creo recordar que entrevistaste a Bowie.
Sí, en TVE a finales de los 90 lo entrevisté para un programa de televisión. Recuerdo que la dirección del programa, como siempre le daba un poco igual a quién trajesen, decidió que era buena idea coger un par de autobuses y llenarlos de niños de algún colegio de Móstoles o qué sé yo. Les ofrecerían un bocadillo o algo y los pusieron de público, imagínate qué despropósito. Pero claro, Bowie a parte de ser un verdadero caballero, súper educado, pues era uno de los grandes, un artista increíble y cuando fue a interpretar sus canciones, vio que aquel público no tenía ni idea de quién era él, y así era. Pero en cuanto se dio cuenta, no sé cómo lo hizo que se los ganó a todos, una cosa increíble.

También conociste a Bon Scott, ¿no?
Sí… En aquella época los programas de TVE eran un poco caos. Estaban los platós de televisión con unos bares o unas barras donde los presentadores se tomaban sus copazos antes de grabar, y aquello fue cuando la famosa actuación de ACDC. Era súper temprano, como las 9 de la mañana y estaban haciendo no sé cuántas tomas y grabaciones y de repente me veo en la barra a Bon Scott que no sabía nada de español y allí nadie hablaba inglés, imagínate. Pues el hombre se veía que estaba muerto de hambre y no sabía cómo pedir algo. Entonces me acerqué y me dijo que quería comer así que le invité a uno de esos típicos sándwiches de Madrid con huevo. Tenías que ver al pobre hombre comiéndose aquello (Risas), estaba encantado conmigo. Y mira, a la semana siguiente se murió el pobre.

Me puse a hacerme un canuto mientras veía que entraba Chris Novoselic, que se ponía a charlar con la gente… y de repente veo que se sienta en el suelo a un metro de mí el mismísimo Kurt Cobain. Pero se le veía como en su mundo, muy serio, tenía pinta de que no quería hablar con nadie así que no le dije nada. Pero claro, ahí que me enciendo yo el peta, eso comienza a oler y Kurt enseguida se dio cuenta, me mira, yo veo que me mira y, claro… le paso el peta, él le da una calada y me lo devuelve y se le cambió la cara un poco. Entonces ahí ya le dije “tío, gran concierto” y él muy educado “oh, gracias, tío”.

A los Stones los has visto varias veces, ¿verdad?
A los Stones los vi en aquel concierto mítico de 82 en Madrid, el famoso concierto de la lluvia, que veías a Bill Graham, el promotor más famoso de la historia limpiando de agua el escenario. Los vi en Nueva York también…pero mi mejor experiencia fue aquí en Benidorm. Un oyente de “De 4 a 3” que al final acabó convirtiéndose en amigo mío me llamó para que fuéramos a ver a los Stones como te digo en Benidorm y nada, acabó por convencerme. Me decía que había que irse para allá a las 7 porque el concierto comenzaba a las 9 y había que aparcar lejos, había que ir con tiempo… Y yo le decía que de eso nada, nos vamos a ir a las nueve menos veinte y vamos a aparcar al lado de los Stones (Risas). Él me decía que no, que si estaba loco (Risas). “Tú hazme casi a mí”, le decía. Él tenía un Mercedes blanco y nos recogió con él, me subo a su coche, iba él con su novia y yo con mi pareja, y claro… llegamos a la zona donde nos para la Guardia Civil, y les digo “yo me ocupo”. Salgo del coche, les cuento una milonga y zas… efectivamente nos dejan pasar con el coche. Y aparcamos casi en la entrada, subidos a la acera… súper bien. Vimos el concierto genial y cuando quedaban dos o tres canciones les dije “vámonos, porque queda poco, ahora serán los fuegos artificiales y mejor que salgamos antes porque esto se va a llenar de gente”. Y cuando me subo al coche veo que se acerca por donde estábamos una comitiva con la guardia civil con las luces, las sirenas. Pasa un mercedes, pasa otro y otro… Y le digo a mi amigo: “¡Joaquín! ¡¡¡Los Stones!!! ¡¡¡Métete!!!”, y Joaquín pega un volantazo y nos metemos en medio de toda la comitiva de Mercedes de los Stones. Los Stones a todos los países que van tienen esas condiciones de seguridad de la policía local y luego la banda tiene un Mercedes para cada miembro más una furgoneta para el resto de músicos que les acompañan, los técnicos… Pues nosotros nos metimos, con el subidón, imagínate… “¡Joder, somos unos Rolling Stones!” (Carcajadas). Yo creía que iríamos solo un rato pero resulta que nos metimos en la autopista con ellos y llegamos incluso al peaje de la autopista, y en el peaje había un tío que nos estaba esperando. Veía un Mercedes y pum, los dejaba pasar. Cuando nos toca a nosotros nos dice “¿Y vosotros?” y le contestamos “¡Somos de los Rolling Stones!”, y el tío “adelante”… ¡¡y mi colega incluso le dio propina!! (Risas). Ahí seguíamos nosotros en medio de toda la comitiva. Yo le decía a mi amigo “Joaquín, como esto vaya al aeropuerto nos vamos a meter en un lío, nos van a dar una paliza”, y Joaquin me decía “Naaaaaa… da igual, ¡somos unos Rolling Stones!” (Carcajadas). Afortunadamente iban al hotel, un hotel de cinco estrellas que hay por allí. Y cuando llegamos, vemos que de cada coche sale Jagger, sale Keith Richards, Charllie Watts… le digo entonces a Joaquín “vete al parking que yo me bajo aquí y trato de ver cómo salimos de esta”. Y claro, se me acercan enseguida los guardias de seguridad que vienen a ajustarnos las cuentas… y en ese justo momento aparece el contable de los Rolling Stones, que yo lo conocía porque era amigo íntimo de Jackson Brown, que era amigo nuestro. Pues cuando me ve me grita “Hey Paco, qué pasa!”, y en el momento en el que los gorilas ven que el contable, que era quien les pagaba me saludaba pues desaparecen. Claro, yo entro en el hotel con este hombre, que nunca me acuerdo de su nombre, un tipo fantástico… cuando entro en el hotel se me acerca enseguida un tipo, un guiri, con la camiseta del Málaga, mi equipo, y me viene… con Keith Richards agarrado del cuello y me grita “Hey, Paco, Paco… “, imagínate qué impresión (Risas). “Paco, Paco… ¿no te acuerdas de mí? Nos dieron el Premio Ondas el mismo día, yo soy de la radio deportiva de Marbella» y estuvimos charlando… Es que Keith Richards era mi vecino en Inglaterra y venido a verlo”.

Menuda historia…
Claro, y yo en ese momento era el mejor amigo de este hombre, aunque ni recordaba haberlo conocido (Risas). Obviamente cuando llegó mi amigo y me vio tomándome una cerveza con Keith Richards fue el acabose (Risas).

Hace poco vi un video en el que creo que eras tú presentando a los Thin Lizzy, ¿eras tú?
Sí, sí, era yo. ¿Sabes? Aquella fue mi primera experiencia en la Tv, menudo desastre fue aquello. Hicimos una primera toma y salió de puta madre y cinco segundos después oigo al realizador gritando a toda hostia por los altavoces diciéndome que lo volviera a hacer, que si podía hacerlo “con más marcha”… Y me cortó el rollo el muy gilipollas… (Risas).

¿Y Phill Lynot qué decía?
Phill me preguntaba que qué pasaba. Le conté lo que había sucedido y me dijo “¡qué gilipollas!”, así que nos subimos al escenario y nos fumamos un petardo allí mismo. Luego lo volvimos a grabar y por supuesto me salió como el culo. Cosas de TVE, que pasan los años y las cosas siguen igual.

O peor.
Exacto.

Nada de música en directo.
Solo es mamoneo político.

Es triste que lo único que haya ahora relacionado con la música y teniendo el archivo tan espectacular que tiene en TVE sea “Cachitos de hierro y plomo”.
Siguen siendo un puto desastre. Imagínate que la primera vez que TVE hace un programa de música en directo ha sido uno de Operación Triunfo, imagínate. Y lo de Cachitos es que son la gente de RTVE de Cataluña, que son de otro palo.

Cuéntame algunos conciertos que te hayan impactado.
Bueno, recuerdo que en una ocasión me fui a Mali a ver a Nirvana a Mali y me fui con Joaquín Luqui y Julián Ruiz

Vaya dos, ¿no?
Sí, tío, vaya dos (Risas). Joaquín era muy particular, muy mitómano. Y Julián, bueno, Julián es un personaje. Cuando llegamos me los levé a dar una vuelta, alquilamos unas barcas para dar una vuelta por el río y no te puedes hacer una idea de la paliza que me dio, pfff… aquello fue desesperante. Que si vete por aquí, que si es por allí… Recuerdo que cuando llegamos le dije “tío, ¿has ido alguna vez a un psicólogo?”.

Qué dices, ¿le dijiste eso? (Risas).
Sí, tío… el pobre me contestó “pero por qué me dices eso” (Risas)… Pero es que menudo viaje me dio. Para Julián, Coldplay se juntaron por Julián Ruiz, que si aquellos grabaron tal disco por algo que les dijo él…

Recuerdo cuando hablaba de Bono se citaba a sí mismo y hacía como que le llamaba “Paul”… A ver Julián, que nadie llama Paul a Bono, no me jodas… (Risas).
Después era un profesional increíble, ¿eh? Y era muy buen tío, en realidad.

Joaquín Luqui también era muy particular, ¿no?
Muy mitómano, tío… Como sabrás era muy fan de los Beatles y recuerdo cuando fuimos a Londres a conocer a Paul McCartney. Él era un tío muy despreocupado, fíjate que nunca llevaba dinero ni nada, nunca lo veías comprando, se lo tenían que comprar a él. Imagínate que siempre se le olvidaba incluso el pasaporte. Cada vez que nos pasaba yo le decía “joder, Joaquin, otra vez, tío” (Risas). Pero sabes qué pasa, como era un tío tan importante para la cadena y para las compañías, pues siempre tenía a alguien que estaba pendiente de él, y si había que darle 5.000 pesetas bajo cuerda a un guardia civil para que pasara la aduana… ¡pues se le daba y ya está! (Risas). Pues en ese viaje, estábamos en el aeropuerto y de repente me veo a Joaquín en el Dutyfree comprando dos botellas de vino, ¡Joaquin comprando algo! Eso ya era algo raro, pero el tío estaba comprando unas botellas de vino para Paul McCartney, una cosa tremenda… Pues allí estábamos el día de la entrevista en un hotel precioso, muy bien decorado y tal. Y allí estaba Joaquín con las dos botellas en las manos, imagínate la imagen. Pues el responsable de la compañía se nos adelante para hablar con Paul, para presentarnos, y Paul le pregunta cómo se llama quien va a entrar, y le dice que Joaquín. Y allí que entra Joaquín con una botella en cada mano y se levanta Paul y le dice “Hola Joaquín”. Y ese Joaquín, que se queda de piedra con los ojos abiertos…y de la impresión se le caen las dos botellas… Imagínate la secuencia, las botellas se reventaron, él quieto, todo el vino desperdigado, Paul ahí… (Carcajadas).

Entiendo porque cuando Paul McCartney fue a inaugurar el estudio de los 40 Principales de Gran Vía que llevaba su nombre iba diciendo “Hola, soy Paul McCartney y soy el mejor amigo de Joaquín Luqui” (Risas)…
Es que era muy mitómano. Cuando fuimos a Mali a ver a Nirvana, como se celebraba algo, no recuerdo si era el fin de gira o algo… la compañía montó una fiesta para la banda y se llevó a los colegas de Seattle para allá. Estaban los Pearl Jam, Chris Cornell… Y de repente aparece Eddie Vedder a lo lejos y tenías que ver a Joaquín como un niño chico queriendo ir a saludarle. Yo le decía “a ver Joaquín, espérate que llegue, déjale que salude primero a sus amigos y cuando venga ya le saludas”, pero nada. Así que de repente, el hombre que no podía aguantar va y sale corriendo y se le pone el careto delante a Eddie, que pega el pobre un salto de dos metros para atrás asustado, tú imagínate a Joaquín con esas pintas que tenía (Risas). Y encima es que Joaquín no hablaba inglés y yo no sé qué le contaría… Pero mira, al final fueron inseparables los dos toda la noche (Risas).

Yo lo conocí en una entrevista que le hizo a los Black Crowes en la gira de “By your side”, a Chris Robinson y a Steve Gorman y la verdad es que hacía unas preguntas… que si se consideraban una banda Heavy porque tenían fans del Heavy y la cara de Chris, que tenía pinta de tener una resaca terrible era de incredulidad.
Otro concierto increíble al que fui… Estaba con un amigo mío, batería, que el pobre ya falleció, que era Sergio Castillo, un músico increíble. Pues nos fuimos a Nueva York y fuimos a ver a Sting, cuando Police se acababan de separar y estaba mezclando su música con historias de jazz, con lo del “English man in NY” y tal. Pues aún no lo había grabado pero dio el concierto y aquello fue increíble, maravilloso. Después nos fuimos a dar vueltas por NY y fue una noche memorable. Fuimos a ver un concierto, otra actuación y acabamos a las seis de la mañana en la puerta del hotel fumándonos un peta y yo diciéndole a mi amigo que había una canción de Paul Carrack que me encantaba y él me decía que lo conocía. Y tío, no te lo vas a creer, pero de repente mi amigo comienza a gritar “tío, Paco, ¡¡mira quién viene por ahí!!” y Javi… allí apareció el mismísimo Paul Carrack (Risas). Una locura, y acabamos en la habitación del hotel de Paul Carrack bebiéndonos una botella de vino… Después de aquello cuando Paul Carrack ha venido por Madrid me llamaba de hecho una vez se vino a cenar a mi casa. Otro concierto increíble fue uno al que me invitó mi pareja en 1978, que nos fuimos a ver a Bob Marley & The Wailers a Ibiza, no veas tú qué pasada de concierto, imagínate en la gira en la que iba con todos los clásicos… increíble, súper a gusto, un sonido increíble…

Muchas gracias, Paco.
A vosotros, Javi.

Entrevista de Javistone.
Foto facilitada por el propio Paco.

Esta entrevista fue publicada en el Nº 21 de Rock Bottom Magazine, descargable aquí.

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