30 años del «Rattle & Hum».

In the locust wind comes a rattle and hum
Jacob wrestled the angel
And the angel was overcome
You plant a demon seed
You raise a flower of fire
See them burning crosses
See the flames higher and higher the sky…
…bullet the blue sky”.

Hace 30 años una banda irlandesa proveniente de la new wave de finales de los 70, que había evolucionado hasta conseguir un sonido único, que había grabado uno de los discos más vendidos de la historia, que lograría tener a todo el planeta a sus pies… decidió despojarse de todo artificio y dejarse llevar por los sonidos de la América negra y del rock & roll más primigenio. Hace 30 años U2 publicaba “Rattle & Hum”.

Efectivamente, “The Joshua Tree” había convertido a U2 en la banda más popular del planeta a lo largo de aquel ya lejano 1987. Sus singles “Where the streets have no name”, “With or without you” y “I still haven’t found what I’m looking for” sonaban a todas horas y sus videos se emitían sin descanso. Los más grandes estadios se llenaban a su paso, copaban las portadas de todas las revistas y presumían de ser número uno en ventas de todo el mundo: eran las estrellas del momento. Su evolución desde que en 1980 publicasen su debut “Boy” había sido constante a la vez que progresiva. Tanto “October” como “War” eran trabajos demasiado continuistas y no sería hasta que Brian Eno los tomara bajo su mando con la grabación del experimental “The Unforgettable fire” en 1984 que no darían ese salto cualitativo en términos de potencia, intensidad y profundidad. Un punto de inflexión que sería coronado con el glorioso “The Joshua Tree”, trabajo que provocaría en los irlandeses un impacto tan grande como el que ellos habían provocado en el público de todo el mundo. Su influencia se pudo notar en todo el planeta, pero como buenos irlandeses, su relación con América era especial. Por esto, es la gira del 87 por los Estados Unidos la que supuso en ellos su primera gran transformación como músicos, ya que fue entonces cuando se dejaron embeber por músicas que, sin serles ajenas, no habían sido parte de su formación musical de base. El rock & roll más clásico, el country, el soul, el rythm n´blues, el góspel o el blues aparecían de forma natural ante ellos en lo que llamaron un viaje musical por la América profunda, la real, la que se palpa en iglesias baptistas los domingos por la tarde o en las calles de Nueva Orleans con músicos callejeros con tanta calidad como poca suerte.

De entrada la concepción del disco era distinta a la convencional, mezclando cortes en directo con grabaciones de estudio, en las que sobresalen las que se registraron en los míticos Sun Studio de Memphis donde pudieron disponer de los equipos originales, en una época en la que The Edge no había perdido aún la cabeza por la tecnología. Tampoco parecía convencional el conjunto de los temas elegidos, ya que a simple vista puede parecer extraño o confuso, caótico quizá. Pero nada más lejos de la realidad. Como todo viaje, este “Rattle & Hum” supone un recorrer los caminos por los que los cuatro irlandeses habían estado moviéndose en los últimos meses, caminos cuyas tradiciones y culturas habían dejado que les empapase durante la gira americana del “The Joshua Tree”. Versiones de los Beatles o de Bob Dylan se entremezclan junto a incursiones en la música negra, con el omnipresente tema del amor como elemento vehicular. No olvidemos, respecto a la distribución de los temas, que esta estaba pensada para el formato de vinilo en doble disco, algo que hoy en día parece propio de otra época (y realmente lo es), pero que da una idea de lo estructurado de ese viaje transformador llamado “Rattle & Hum”.

“This is a song Charles Manson stole from the Beatles. We’re stealing it back”.

«Helter Skelter«, en su versión en directo desde Denver (Colorado), no es un tema de Lennon y McCartney… es la letra que Charles Manson hizo suya como elegía de la masacre en la mansión de Sharon Tate y Roman Polański, es una forma tenebrosa para comenzar un disco, sin duda. De hecho el propio Bono le reclama la canción al propio Manson para devolvérsela a sus legítimos dueños. Como cantaba McCartney en el disco blanco… “Look out, Helter skelter…Look out, ‘cause here she comes”, parece una advertencia más propia de un viejo blues de Howling Wolf que de unos pálidos británicos. La sencillez del tema no impide que Bono y oyente acaben jadeando, a pesar de que esto no ha hecho más que comenzar, pero que, sin embargo, sirve como reflejo del ritmo vertiginoso del momento que vive la banda.

De entrada la concepción del disco era distinta a la convencional, mezclando cortes en directo con grabaciones de estudio, en las que sobresalen las que se registraron en los míticos Sun Studio de Memphis donde pudieron disponer de los equipos originales, en una época en la que The Edge no había perdido aún la cabeza por la tecnología.

Con «Van Diemen’s Land» The Edge toma el mando, algo que solo volvería hacer años más tarde con “Numb”. Tema sencillo pero doloroso, trata sobre el Great famine, la gran hambruna que asoló Irlanda a mediados del siglo IXX y que hace referencia a Tasmania, isla que los británicos usaban como destierro penal de los criminales en aquella época. El tema es de una belleza que duele y de los pocos sonidos originalmente irlandeses que se cuelan a lo largo de un disco tan negro como este. De hecho es ahora cuando comienza ese trepidante viaje por la América soñada, polvorienta, árida… repleta de sensaciones, historias y leyendas, pero sobre todo de músicas que representan la base y el origen del rock & roll. No es casualidad que justo antes de “Desire” se escuche a Phil Joanou (director de “Rattle & Hum”, la película) preguntarle a la banda sobre qué ha sucedido entre la grabación del “The Joshua Tree” y este nuevo trabajo. En la película se indica sin ambages en palabras de Larry Muller (“It’s a musical journey”), pero en el disco la respuesta es ese riff incendiario a lo Bo Didley con el que the Edge da inicio al que sería el primer single, sonido vigoroso y trepidante donde Bono da rienda suelta a sus fantasmas sobre el dinero, el poder y el oropel. Negritud y aires a The Stooges (“1969” planea en el ritmo de la canción) para lo que es uno de los grandes temas de la banda.

Para cerrar la primera cara del disco está, para mí, la canción menos inspirada del disco, «Hawkmoon 269«, el tema más góspel que, pese a su sencillez, es la que suena menos natural de todas. No en vano, ese 269 hace referencia al número de tomas que hizo falta para grabarla. Es evidente que U2 siempre ha sido una banda que ha sacado partido de los procesos de improvisación, así salió de hecho “Pride (in the name of love)”. E igualmente cuando agarran un riff saben llevarlo en varias direcciones, como sucedería en las sesiones de grabación del “Acthung Baby”, donde de un ritmo y un riff inicial desarrollaron “The Fly” y “Lady with the spinning head”, decantándose por incluir en el disco la primera. En esta ocasión Bono parece que buscaba su tema góspel y con un esquema muy parecido a «Hawkmoon 269» componía a la vez “A Room At The Heartbreak Hotel”, que desecharían para incluirla como cara B del single “Angel of Harlem”, una canción que personalmente siempre he creído sonaba mucho más fresca y negra que la sobre-trabajada «Hawkmoon 269«, en la que la aportación vocal de los coros de color queda como un punto final, más que como parte desgarradora del todo, tal y como suena en “A rooom…”. En todo caso es el clásico corte épico de la banda, curiosamente la favorita de Bono de todo el disco, aunque siempre ha dado a entender que la versión final quedó desprovista de muchos matices en los que se que se había trabajado.

“Rock & roll stop the traffic”.

Si los Beatles iniciaban el viaje en la cara A del primer disco, la B es a Dylan y a Hendrix a quienes se les rinde debida pleitesía con una improvisada versión de “All along the watchtower” en el «Save the Yuppie Free Concert» de San Francisco. “Rock & roll stop the traffic” pintaba Bono en una de las grandes obras de arte del parque donde se realizaba el concierto (por lo que tuvo que pagar una multa, por cierto), un grito de guerra que hice mío durante años. La versión, como digo, suena simple pero efectiva, porque nadie puede salir airoso después de que Hendrix la hiciera suya veinte años atrás. Como curiosidad, al final de la canción se puede escuchar la primera de las dos veces que el “The Star-Spangled Banner” suena a la guitarra de The Edge, tal y como solía hacer Jimi Hendrix.

Si hay un momento a lo largo del “Rattle & Hum” en el que la música negra se te mete directamente en vena es en la re-interpretación del, por entonces, célebre «I Still Haven’t Found What I’m Looking For«, uno de los temas que más se debieron escuchar en todo el planeta por aquel entonces y que para muchos estaba saturada. A pesar de que Daniel Lanoise al grabarlo para “The Joshua Tree” ya había reconocido cierto aire góspel en el tema, por la temática y por el ritmo “in crescendo”, comprobar cómo una parroquia baptista la había hecho suya resultó grandioso. En la película se ve cómo los irlandeses entran tímidamente en una iglesia y quedan impresionados con la relectura de su canción, cuyo video se había realizado en las calles de Las Vegas, la ciudad del pecado y la lujuria, muy lejos de púlpitos y predicadores. En la versión del disco, la banda interpreta la canción junto a New Voices of Freedom y es imposible que no se te erice la piel cada vez que escuchas ese final, grabado en el Madison Square Garden de Nueva York. La negritud es eso, dejarte el alma en las cuerdas vocales, elevar el alma, la comunión y soul, mucho soul.

Rattle & Hum”, como hemos dicho, es un viaje, un trayecto por carreteras y grandes avenidas del territorio estadounidense y, como guiño a ese caminar entre sus calles, los irlandeses introdujeron una pequeña grabación realizada de forma improvisada a Satan and Adam, un dúo callejero de blues con el que se topó la “crew” de la banda en una avenida de Nueva York mientras interpretaban un intenso “Freedom for my people”. Y del blues de la calle al blues de “Silver & Gold”, un rocoso e hiriente blues que Bono compuso para el proyecto Sun City promovido por Steven Van Zandt para concienciar al mundo sobre el Apartheid en Sudáfrica. En directo, sin embargo, la supieron llevar a otro nivel, convirtiendo un ritmo sincopado y tosco en una composición portentosa y que en directo conseguía que U2 sonasen como nunca lo harían, una banda que se sabe que está conquistando el mundo. Bono es consciente de ello, agarra al público, lo asusta y lo reconforta (“Am I bugging you? Don’t mean to bug ya… Ok Edge, play the blues!”), U2 son una maquina engrasada como ninguna en ese momento. Jamás volverían a sonar así. De hecho, incluir “Pride (In the name of love)” para cerrar el primer disco lo confirma como colofón de un primer disco donde ha primado el directo (siete temas de diez) y que muestra a una banda poderosa a un nivel inalcanzable para sus compañeros de generación.

Llegamos a un segundo disco donde el aroma de los Sun Studio se hace aún más patente. “Angel of Harlem” es un homenaje a los grandes de la música negra americana, a los gigantes del jazz, el soul… y a sus orígenes enraizados en el famoso barrio del norte de Manhattan (“Soul love this love won’t let me go, so long angel of Harlem”), pero sobre todo a la figura de Billie Holiday, de quien Bono se había quedado prendado (cómo no). La canción a pesar de su sencillez es una de esas composiciones que te atrapan al momento gracias a la calidez que desprende, empapado quizá de la historia impregnada en las paredes de los Sun Studio.

Tras el alegre ritmo de “Angel of Harlem” llega uno de los momentos álgidos, posiblemente mi canción favorita de “Rattle & Hum” y una de esas olvidadas en el imaginario colectivo de los fans de la banda irlandesa. En “Love rescue me” se encuentra la síntesis de lo que se conoce como soul & rock, un canto al amor y a la necesidad de que nos rescaten de entre las tinieblas. La leyenda dice que Bono soñó una noche que Bob Dylan le tocaba una canción, que al despertar consiguió recuperarla y que al poco tiempo conocía al propio Zimmerman con quien acabaría y a la vez grabaría, de nuevo, en los Sun Studio. Sea cierto o una de esas fantasmadas de Mr. Hewson, lo cierto es que la canción tiene ese pellizco dylaniano tan característico, áspero y acogedor a la vez, con una sección de viento que eleva el alma, la mece y la acuna… La voz de Dylan se oye como contrapunto de la de Bono, que suena más negra que nunca, magia pura.

Qué decir de «When Love Comes to Town«, U2 se reúnen con el gran maestro B.B. King, a quien habían conocido en 1986 en Dublín. King le pidió a Bono que le escribiera un tema y así fue cómo nació este trallazo de góspel-rock & soul. Las dos bandas se compenetran a la perfección: los ritmos de Larry Mullen, los vientos de la banda del maestro y, sobre todo, las voces de ambos cantantes, que se unen para destrozarte en una composición sublime exudando Sun Studio por todos los poros. Todo encaja (esas guitarras, esos punteos, esos coros…) en una de las grandes canciones de la banda y que casi da por terminado el viaje iniciático por la América negra. «Heartland» siempre ha parecido que no encajaba en la estructura del disco, compuesta en las sesiones de grabación del “The Joshua Tree” pero deudora de los desarrollos ambientales de su predecesor “The Unforgettable Fire”, pero de alguna forma da una última pausa antes de embocar el tramo final del viaje.

«God Part II» es sin duda el tema menos “americano” de todos, así como el enlace directo a lo que vendría después. A modo de continuación del “God” de Lennon, es un trallazo descomunal con un ritmo que te deja exhausto, rockero, psicodélico por momentos… con una letra que se te clava como un aguijón (“Don’t believe in forced entry, Don’t believe in rape, But every time she passes by, Wild thoughts escape”) una línea de bajo machacón y que, después de todo un viaje sobre los sonidos clásicos, trata de dejar atrás todo lo antiguo y mirar hacia adelante (“Don’t believe in the 60’s, The golden age of pop, You glorify the past, When the future dries up”). Contaba Bono que tras la gira de presentación de “Rattle & Hum”, se vieron tocando en su Dublín natal con sombreros de cowboys con la sensación de haber perdido el norte, que sintieron una necesidad imperiosa de saltar al vacío y vislumbraron en “God part II” el camino a seguir.

Con la descarnada interpretación en directo de la psicodélica de «Bullet the Blue Sky» desde el Sun Devil Stadium de Tempe (Arizona) se da por finalizada la sesión de temas en directo, introduciendo de nuevo notas a la guitarra del “The Star-Spangled Banner”, en esta ocasión como inicio. Una composición que siempre fue una rara avis en el “The Joshua Tree” y que en directo suena tan oscura como penetrante, finalizando con ese “into the arms of America” como si el caminar se acabase y dejaras que aquella tierra te abrazara y te diera consuelo. El viaje termina, hemos recorrido América, nos hemos dejado empapar por toda su cultura musical, la más ancestral. El trayecto ha sido duro, arduo… el polvo del camino nos ha dejado la boca reseca, los pies destrozados y el alma exultante. U2 cierran no solo un disco sino una época que no volverá jamás, los U2 de la inocencia y aquella fuerza desgarrada terminan con los últimos compases de “All I want is you”, otro de esos temas hipnóticos que me han acompañado toda la vida. Extrañamente elegido como single, los últimos compases del video parece indicar que el vuelo nos aleja de ese concepto de banda del que hay que mutar y dejar atrás.

Rattle & Hum”, como decía antes, supuso un antes y un después en la vida de U2, quizá un respiro tras los excesos innovadores de Brian Eno con “The Unfergetable Fire” y “The Joshua Tree”, tras los que necesitaban vaciar el equipaje, desnudarse antes de dar ese salto sin red de seguridad ni vuelta atrás posible que supondría esa afrenta musical llamada “Acthung Baby” en la que redefinirían su sonido y el de medio planeta. Para muchos de nosotros “Rattle & Hum” quedará siempre como ese viaje por la América profunda de cuyos sonidos nunca hemos querido salir, en un viaje que no terminará nunca.

Javistone

Artículo publicado en el número 2 de Rock Bottom Magazine de enero de 2018.

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